Una de esas mentes es la de Leopoldo María Panero, poeta maldito y desequilibrado en sus textos, un baile de imágenes grotescas en palabras, la no-represión del subsconciente y el delirio emocional.
EL CIRCO
Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.

1 comentario:
Te has topado con tantos, o más locos que yo. No finjas que te encantan, no finjas que te gusta el fracaso mental. Es así; la locura es un defecto cerebral, puede ser llamativo en determinadas personas y destructivo en otras. A fin de cuentas; algo que se nos va de las manos y que realmente no es digno nombrar.
Ante lo complejo, lo desconocido, el desvarío hay un rígido muro que si fuera derrumbable yo sería la primera en intentarlo. No obstante nos queda la inquietud de no reconocer los ojos de la locura.
(Sí, se me fue la pelota escribiendo ésto, es obvio)
Publicar un comentario